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X Semana de Música Antigua de Logroño
8, 9, 10 y 11 de septiembre de 2008
cartel
RIOJAFORUM. Sala de Cámara
20,30 horas

VENTA DE ABONOS: Del 25 al 31 de agosto, ambos inclusive.
VENTA DE LOCALIDADES: Del 1 al 7 de septiembre, ambos inclusive.
PUNTO DE VENTA: Oficina de Turismo de Logroño c/Portales, 50, en horario de 9 a 14 y de 17 a 20 horas, de lunes a domingo.

Precio Abonos para los cuatro conciertos: 18 €
Precio localidades para cada concierto: 6 €
Todas las entradas son numeradas.
A partir del día 8 de septiembre y durante los días de los conciertos, si quedan entradas, se venderán desde dos horas antes del inicio de la actuación en las taquillas de Riojafórum.

NOTAS
Todas las actuaciones darán comienzo a las 20,30 h.
Riojafórum abrirá las puertas 30 minutos antes de la hora del inicio de los conciertos, salvo causa de fuerza mayor.
En atención al público y a los artistas, se ruega puntualidad, así como desconectar las señales acústicas de relojes y teléfonos durante los conciertos. Una vez comenzado el espectáculo no se permitirá la entrada a la sala, salvo en descansos o intermedios si los hubiera.
Queda prohibido todo tipo de filmación, grabación o realización de fotografías.
Cultural Rioja (si las circunstancias lo exigiesen) podrá alterar el programa anunciado. De los posibles cambios se informará oportunamente.

Orquesta Barroca CAPPELLA DELLA PIETÀ DEI TURCHINI
Jueves 11
"SALVE REGINA"

PROGRAMA:
SALVE REGINA
1ª PARTE:
Oratio Benevoli (1605-1672)
Salve Regina para soprano solo e instrumentos
Nicola Fiorenza (1700ca-1764)
Sinfonia a 3 violines en la menor
largo-allegro-largo-allegro
Leonardo Leo (1694 – 1744)
Salve Regina para soprano y cuerdas
2ª PARTE:
Giovanni Battista Pergolesi (1710 – 1736)
Salve Regina en la menor
para soprano y cuerdas
Antonio Vivaldi (1678 –1741)
Concierto en re mayor para violín,
cuerdas y bajo continuo 0p.3 nº 9 RV 230
allegro-larghetto-allegro
Antonio Vivaldi (1678 –1741)
Salve Regina para soprano, violín y cuerdas RV 617

DIRECTOR: ANTONIO FLORIO
SOPRANO: YETZABEL ARIAS FERNANDEZ
Alessandro Ciccolini – violín I
Paolo Cantamessa – violín I
Marco Piantoni – violín II
Nunzia Sorrentino – violín II
Rosario Di Meglio – violín y viola
Massimo Percivaldi – violín y viola
Alberto Guerrero – violoncello
Giorgio Sanvito – contrabajo
Patrizia Varone – órgano

CAPPELLA DELLA PIETÀ DEI TURCHINI

La Cappella de’ Turchini y Antonio Florio
Fundada en 1987 por Antonio Florio, La Cappella está formada principalmente por jóvenes instrumentistas y cantantes radicados en Nápoles especializados en la interpretación de la música napolitana del período comprendido entre los siglos XVI y XVIII, especialmente en la música de compositores de tantas dotes musicales como Provenzale, Trabaci, Veneziano, Nola, Netti, Caresana y Sabino, Vinci, Paisiello, Piccinni, etc.
Sus originales programas, consecuencia de proyectos únicos, y su riguroso enfoque de la interpretación barroca hacen de La Cappella uno de los elementos más interesantes del panorama musical italiano que ha logrado un reconocimiento internacional en sus actuaciones por Europa e Hispanoamérica. La Cappella ha grabado 10 Cds con el sello italiano Symphonia, todos ellos con obras inéditas del repertorio napolitano; desde 1996 ha grabado con Opus 111, casa para la que han realizado 15 Cds en la serie “Tesoros de Nápoles“. Las grabaciones de la Cappella con las dos casas discográficas han recibido numerosos premios internacionales de la crítica: Diapason d’Or, Timbre Platine de Opera International, Choc du Monde de la Musique, 5 Estrellas Golberg, etc.
En febrero de 2004, La Cappella de’ Turchini ha estrenado en el Teatro San Carlo de Nápoles Statira, Principessa di Persia, de Francesco Cavalli con dirección escénica de Paul Curran. Recientemente La Cappella ha realizado, entre otros, recitales de arias napolitanas con la cantante de ópera Patrizia Ciofi, el estreno de La Partenope de Leonardo Vinci y entre las actividades en las que trabajan actualmente están la Partenope de Handel, la Betulia Liberata de Mozart, el Stabat Mater de Pergolesi, y la ópera I Napoletani in America de Niccolò Piccinni.

Antonio Florio

Antonio Florio, Director Artístico del Centro de Música Antigua Pietà de’ Turchini de Nápoles se graduó en violonchelo y piano en el Conservatorio de Bari. Continuó estudiando, en este caso composición, con Nino Rota y Francesco d’Avalos, interesándose especialmente en la interpretación del barroco con instrumentos de época.
Antonio Florio mantiene una gran actividad de investigación musicológica enfocada, sobre todo, a la recuperación del repertorio napolitano de los siglos XVII y XVIII. Actualmente trabaja en un minucioso estudio de las óperas y obras sacras de Francesco Provenzale.
Fundó la Cappella de’Turchini en 1987. Es profesor de música de cámara en el Conservatorio de San Pietro a Maiella en Nápoles.

Yetzabel Arias Fernández

Yetzabel Arias Fernández, soprano, Nace en La Habana, donde inicia sus estudios musicales. En 1993 obtiene el diploma de Dirección de coro en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana y en 2000 el diploma en Música en la especialidad de canto en el Instituto Superior de Arte en su ciudad natal. En ese mismo año llega a Italia para estudiar en el Laboratorio de Investigación de la Música Italiana del siglo XVII con Roberto Gini además de seguir estudios de perfeccionamiento con el Tenor Vincenzo Mann en la Academia Internacional de Música de Milán.
Es amplísimo su repertorio de la música de los siglos XVII y XVIII tanto sacra como profana, especializándose en los madrigales operísticos.
En Italia ha colaborado con I Madrigalisti Ambrosiani, Fantazyas y Cappella de Turchini en Nápoles, La Divina Armonia, La Venexiana, La Risonanza, Dolce & Tempesta, Orquesta de la Rai de Turín, Orquesta Milano Classica, I solisti della Scala, Arion Ensemble de Pavia y el Ensemble de la orquesta Sinfónica Guiseppe Verdi de Milán y con directores como Gian Luca Capuano, Roberto Balconi, Antonio Florio, Lorenzo Ghielmi, Claudio Cavina, Fabio Boninzzoni, Stefano de Micheli, Mario Valsecchi, Danilo Costanti, Marco Berrini, Helmuth Rilling, Giulio Prandi y Ruben Jais.
En numerosas ocasiones ha trabajado con el laudista Massimo Lonardi, interpretando música del Siglo de Oro español para canto y vihuela.
Ha cantado en el teatro Graslin de Nantes, dentro del Festival Barroco Printemps des Arts, con el clavecinista Jory Vinikour, interpretando música italiana del siglo XVII siendo aclamada por el público y la crítica. Con La Venexiana ha cantado en numerosos festivales europeos como Festival of Early Music de Helsinki, Festival de Brügges, Nuits Musicals d’Uzes, Festival de órgano de León, Festival de Colonia, Lufthansa Festival de Londres, Weingarten y Regesburg en Alemania, Melk en Austria y Povoa en Portugal. En Italia: Settembre Musica en Florencia, I Concerti Quirinale di Rai 3 en Roma y en la temporada 2007/08 de los Amigos de la Música de Verona. Ha cantado así mismo en en la serie Música y Poesía en San Mauriio ( Milán), Omaggio a Ligetti en el Auditorio Verdi de Milán. Piamonte in Musica, Sociedad Filarmónica Laudamo de Messina, Festival del Prato, Encuentro Guitárristico de Gargnano y Ponte di Note en Valtellina.
Ha ganado el concurso internacional de Canto Barroco de Chimay,
Belgio 2006, Premio del Público en el Festival des Arts de Nantes, segundo premio del II concurso Internacional de Canto Barroco Francesco Provenzale de la Cappella dei Turchini y el tercer premio en el sexto concurso de Música Sacra de Roma.
Ha grabado con Tactus “Motteti a voce sola” de Francesco Cavalli y los 18 responsorios para la Semana Santa de Lasso, con el Coro Ars Cantica publicados con la Revista “Classic Voice”.

COMENTARIOS AL PROGRAMA
Salve Regina
Puede que la considerable cantidad de iglesias que poblaron las ciudades italianas durante el siglo XVII se pueda relacionar directamente con el auge que alcanzó en este país la música sacra del Barroco. Señala J. Walter Hill cómo las basílicas municipales de estas ciudades tenían normalmente un conjunto musical polifónico asalariado estable llamado “cappella”, que incluía también instrumentistas, además de un coro de sacerdotes. Destacaron especialmente, por su riqueza coral e instrumental, las capillas musicales de San Petronio de Bolonia, San Marcos de Venecia o la Catedral de Módena. El musicólogo norteamericano asegura que cerca de mil quinientas colecciones de música impresa con música sacra salieron de las imprentas italianas entre 1600 y 1650; según él, “la cantidad de música sacra producida en la época excede probablemente incluso a la de música profana compuesta, y su variedad no es menos amplia, abarcando tanto tradiciones persistentes como innovaciones seminales”.
Por otra parte, durante las primeras décadas del siglo XVII convivieron varios estilos en las capillas musicales de las iglesias italianas. Algunos autores optaron por componer según la tradición de la polifonía clásica, continuadora del espíritu musical de Trento y de autores como Palestrina u Orlando di Lasso, lo que Monteverdi denominó “primera práctica”. Otros, más abiertos a tendencias vanguardistas, desarrollaron un nuevo lenguaje que se asentaría progresivamente a lo largo del Barroco inicial. Las primeras obras que se expresaron en el nuevo lenguaje fueron motetes con texto en latín, para voces solistas y un pequeño grupo instrumental o bajo continuo. Como explica Walter Hill, estas obras se denominaron “concerti ecclesiastici” o “concerti sacri” en las diferentes colecciones impresas de la época.
En los dos estilos compuso obras religiosas el compositor romano Oratio Benevoli (1605-1672), que tras pasar dos años en Viena como maestro de capilla del archiduque Leopoldo Guillermo (entre 1644 y 1646), se estableció definitivamente en Roma como maestro de capilla en San Pedro. Como señala J. L. Février, Benevoli fue considerado hasta bastante tiempo después de su muerte uno de los principales sucesores de Palestrina, aunque el mismo musicólogo se extraña de que en la actualidad la música de este artista permanezca inédita en gran parte. Hasta hace pocos años y gracias al importantísimo trabajo de M. Bukofzer (1947), Benevoli era conocido como principal representante del llamado “Barroco Colosal”, un estilo en el que se utilizaban varios coros a la vez (desde cuatro hasta doce, incluso), y a él se le atribuyó durante mucho tiempo la composición de la impresionante “Missa Salisburgensis” (escrita nada menos que para 53 voces). Lo cierto es que el compositor romano destacó también por concebir partituras al estilo de los “concerti sacri”, para solista y conjunto instrumental, y un bello ejemplo de esto lo constituye su “Salve Regina” para soprano.
Hasta 1670, según Walter Hill, las partes instrumentales de la música religiosa italiana tuvieron el mismo carácter y contenido que las partes vocales: “los instrumentos respondían antifonalmente a las voces, las duplicaban o se mezclaban con ellas en texturas contrapuntísticas u homofónicas”. Fue a finales del siglo XVII cuando los compositores comenzaron a crear partes orquestales independientes y contrastantes con respecto a las vocales. Se generalizó la ejecución de motetes para voz solista, cuerdas y bajo continuo, obras cuyo estilo brillante (tanto en lo vocal como en lo instrumental) recuerda a ciertos pasajes operísticos (virtuosos), con estructuras formales derivadas de los conciertos instrumentales (por ejemplo, los “ritornelli”).
Este tipo de obras (entre las que se incluye la “Salve Regina” RV 617) es el que desarrolló Antonio Vivaldi (1678-1741) durante los >> años en que se dedicó a dirigir el coro del “Pio Ospedale della Pietà”, famosa institución benéfica para niñas de Venecia. Parece que las destinatarias de la mayor parte de la música religiosa de Vivaldi fueron las huérfanas del “Ospedale”, que la interpretaban en una galería, separadas del resto de la iglesia por una reja (para cumplir la norma eclesiástica que prohibía a las mujeres cantar en el templo ante hombres). Aunque la brillantez vocal de estas obras es casi de naturaleza “operística”, los himnos de Vivaldi (como la antífona Salve Regina) no contienen arias “da capo” y siguen el tradicional modelo estrófico.
Para M. Talbot, resulta irónico que “el cura pelirrojo” escribiera música sacra y que revelase un talento excepcional para ello: “Fervor, exaltación, misticismo; estas cualidades brotan de sus partituras. Una ironía más: el elemento dramático aparece muy sometido. (…) Es como si Vivaldi hubiera buscado en la música de iglesia una dignidad y una serenidad para las que su vida de virtuoso y empresario, enfermo y trotamundos, le había dejado demasiado poco tiempo”.
Durante los años en que Vivaldi se ocupaba en instruir a las huérfanas del “Ospedale della Pietà” de Venecia, en Nápoles se desarrollaba una música religiosa que ahondaba en lo dramático siguiendo la estela del virtuosismo de la ópera que triunfaba en la ciudad del Vesubio. La Nápoles de las primeras décadas del siglo XVIII era una ciudad plagada de iglesias, muchas de ellas con grupos de músicos permanentes, y nada más y nada menos que cuatro conservatorios. La relación entre música religiosa y profana en la bulliciosa ciudad mediterránea es descrita del siguiente modo por A. Florio: “En Nápoles, la alianza entre lo profano y lo sagrado, entre la iglesia y la calle, es natural. Esta sutil mezcla está presente en la composición musical. A menudo surge, como un componente fundamental del fervor religioso, un paganismo supersticioso y popular. Así, bailes populares como la tarantella se convirtieron en elementos habituales de las celebraciones”.
Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736) se formó en esta atmósfera teatral y brillante de las iglesias y los teatros de ópera. Músico de gran inspiración, en muy pocos años compuso varias óperas, alguna de ellas polémica, como la célebre “La serva padrona”, pero que le convirtieron en un mito para los aficionados a la ópera del siglo XVIII. Y aunque su obra religiosa más conocida sea el “Stabat Mater”, Pergolesi compuso varias partituras para la antífona “Salve Regina” en las que transmite su maestría en la conducción melódica de las voces y una expresividad sentimental cercana a la religiosidad popular de la ciudad en la que vivió su desgraciadamente corta vida.
Un compositor especialmente apreciado en los últimos años por intérpretes y amantes de la música italiana de esta época es Leonardo Leo (1694-1744). Gran parte de su vida estuvo este brillante músico al servicio del virrey de Nápoles, ocupando el lugar de A. Scarlatti a la muerte de éste (en 1725) como primer organista. Algunos años después, en 1737, asumió el puesto de vicemaestro de capilla de la corte del virrey y compuso obras religiosas cuyo estilo marcaría el futuro de la música sacra napolitana. Es muy probable que la antífona mariana “Salve Regina” para soprano y cuerdas pertenezca a esta última etapa de su vida. La escritura ornamentada, casi operística, de algunos pasajes contrasta con la sencillez de otros momentos que anuncian ya un cambio de estilo en dirección al preclasicismo. Leo es considerado por A. Florio “un músico sabio, dotado de una prodigiosa erudición musical”.

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