X Semana de Música Antigua de LogroñoVENTA DE ABONOS: Del 25 al 31 de agosto, ambos inclusive.
VENTA DE LOCALIDADES: Del 1 al 7 de septiembre, ambos inclusive.
PUNTO DE VENTA: Oficina de Turismo de Logroño c/Portales, 50, en horario de 9 a 14 y de 17 a 20 horas, de lunes a domingo.
Precio Abonos para los cuatro conciertos: 18 €
Precio localidades para cada concierto: 6 €
Todas las entradas son numeradas.
A partir del día 8 de septiembre y durante los días de los conciertos,
si quedan entradas, se venderán desde dos horas antes del inicio de
la actuación en las taquillas de Riojafórum.
NOTAS
Todas las actuaciones darán comienzo a las 20,30 h.
Riojafórum abrirá las puertas 30 minutos antes de la hora del
inicio de los conciertos, salvo causa de fuerza mayor.
En atención al público y a los artistas, se ruega puntualidad,
así como desconectar las señales acústicas de relojes
y teléfonos durante los conciertos. Una vez comenzado el espectáculo
no se permitirá la entrada a la sala, salvo en descansos o intermedios
si los hubiera.
Queda prohibido todo tipo de filmación, grabación o realización
de fotografías.
Cultural Rioja (si las circunstancias lo exigiesen) podrá alterar el
programa anunciado. De los posibles cambios se informará oportunamente.
MINISTRILES DE MARSIAS
Lunes 8
“BOTANICA MUSICALE, música para un paseo”.
PROGRAMA:
Juan García de Salazar (1639-1710)
·
Regina Coeli (Procesión de entrada)
Anthony Holborne (c.1550-1603)
(de Pavans, Galliards, Almains and other short Aeirs, London 1599)
·
Pavan
·
Gallarda The Fairie round
·
Wanton
·
The night watch
Correa de Arauxo (c.1576-1654)
·
Tiento de medio registro para dos tiples de 2 º tono (Alcalá, 1610)
Correa
de Arauxo
·
Tiento 3º de 6º tono sobre la primera parte de la Batalla de Morales (Correa,
1628)
Johann Hermann Schein (1586-1630)
de Suits de Danzas del Banchetto Musicale, 1617.
Suite nº 2:
·
Pavana
·
Gallarda
·
Courante
·
Allemande
Johann Hermann Schein
de Suits de Danzas del Banchetto Musicale, 1617.
Suite nº 1:
·
Pavana
·
Gallarda
·
Courante
·
Allemande
Samuel Scheidt (1578-1654)
Pavana y gallardas (de Musicale Melodie, 1620).
·
Intrada
·
Gallarda primera
·
Gallarda segunda
Juan García de Salazar
·
Regina Coeli
Francisco Rubio y Lluis Coll – cornetas
Joaquim Guerra – chirimía
Simeón Galduf – sacabuche
Fernando Sánchez – bajón
Pedro Estevan – percusión
Ministriles de Marsias es originalmente un conjunto de “ministriles”,
nombre de los instrumentistas de viento utilizados en las capillas de las catedrales
para sostener a la voz humana, fundado por Paco Rubio, Simeón Galduf
y Fernando Sánchez, junto al organista Javier Artigas. El grupo está especializado
en la música ibérica del tiempo en que sus instrumentos estaban
vigentes (que, en este país de “frutos tardíos”,
abarca prácticamente hasta la desamortización de Mendizábal).
Aparte de sus programas de música instrumental, Ministriles de Marsias
invita a cantantes y colabora con “Schola Antiqua”, de Juan Carlos
Asensio. Juntos han realizado producciones de música polifónica
(Peñalosa, Escobar...) en algunas de las principales catedrales de España
(León, Sevilla, inauguración de la Exposición de las Edades
del Hombre en Ciudad Rodrigo, 2006, etc). Colabora con prestigiosas agrupaciones
vocales, como la Capilla Peñaflorida. El grupo se interesa también
por la música italiana, como en “Desio de sguardi”, junto
a la soprano Marta Almajano, o en un programa policoral de Giovanni Gabrieli,
en colaboración con los Sacqueboutiers de Toulouse.
Marsias en Danza
El Diccionario de Autoridades explica así, en fecha tan tardía
para ellos como 1732, lo que son los ministriles: “Se llaman los instrumentos
músicos de boca,” (se sobreentiende, de viento) “como chirimías,
bajones y otros semejantes” (cornetas, sacabuches) “que se suelen
tocar en algunas procesiones y otras fiestas públicas. Ministril: Se
llama también el que toca los instrumentos llamados ministriles”.
Como sugiere la definición, los ministriles participaban en todo tipo
de eventos, en la capilla y en la cámara, en salas cerradas y al aire
libre, en bailes o en entierros, en acontecimientos seculares o en las celebraciones
religiosas, en las cuales eran, junto al órgano, los elegidos para sostener
a los cantantes. Por ello, a los ministriles se les ha definido, muy acertadamente,
como “bisagra entre lo profano y lo sagrado”
(Luis Robledo) o como “ministriles para todo” (Martínez
Gil).
En espacios cerrados, los ministriles destacaron en la música religiosa.
Sobre todo el bajón, que permaneció en las capillas españolas
hasta la práctica desaparición de las mismas, durante la desamortización
de Mendizábal. Más que los demás, la chirimía poseía
connotaciones alegres y festivas, por lo que resultaba indispensable para ocasiones
de regocijo como la Navidad o el Corpus e inadecuada y rechazada en la música
de réquiem. Y de los otros ministriles nos han llegado abundantes testimonios
de su esplendor en las iglesias: “Ubo en esta santa iglesia catedral
un sacabuche llamado Gregorio de Lozoya y es fama que echó a perder
a muchos sacabuches de su tiempo, porque por imitarle glosando encubrían
las faltas que tenían callando, esto es, tañendo llano” (Correa
de Arauxo, 1626); “el sonido de la corneta es como un rayo de luz en
medio de las tinieblas cuando se le escucha destacar entre las voces humanas
en la penumbra
de las iglesias y catedrales” (Mersenne, 1636 y Trichet, hacia 1640).
Por lo que respecta a las actuaciones del conjunto de ministriles en espacios
abiertos, está documentada la existencia de “torres de la música” en
lugares típicos de paseo (del estilo de la Casa de las Chirimías
de Granada, junto a la ribera del Darro) donde nuestros instrumentos entretenían
a los viandantes. Así por ejemplo, el gran musicólogo Pepe Rey
nos comunica esta noticia: “En el Prado de San Jerónimo de Madrid,
cerca de la fuente, aproximadamente en el lugar que hoy ocupa el palacio de
Vistahermosa o museo Thyssen, erguíase airosa la que se llamaba “Torre
o torrecilla de la música”, de dos pisos con un puntiagudo chapitel
como remate. En los balcones del piso superior se situaban los ministriles
para amenizar los paseos de los madrileños. La torre se localiza en
varios planos del siglo XVII y puede verse en un cuadro que perteneció al “Marqués
de la Torrecilla”, actualmente propiedad de la marquesa de Santa Cruz,
que salió a la luz pública en una exposición reciente.
En el cuadro se observa a un tañedor de chirimía amenazando el
sosiego de la tarde madrileña.”
Botanica musicale
A partir de la segunda mitad del siglo XVI, resultaba habitual encontrar conjuntos
de músicos tocando instrumentos de viento en las capillas musicales
de las grandes catedrales españolas. Estos músicos de tradición
medieval eran conocidos como ministriles y participaban en casi todas las
celebraciones sociales de nuestras ciudades renacentistas. Frecuentemente
formaban parte de grupos estables con unas obligaciones y unos derechos,
según el contrato que firmasen con catedrales y municipios. Como señala
F. Pérez Valera, los conjuntos de ministriles fueron los antecesores
de nuestras bandas de música y eran empleados por diversas instituciones,
tanto públicas como privadas, para demostrar su autoridad. “Resultaban
imprescindibles en cualquier celebración, ya fuera de una ciudad entera,
o de ciertas casas nobles que tenían el suficiente poder económico
para su contratación”.
Según documentos de algunas catedrales, los oficios religiosos españoles
del siglo XVI solían utilizar la música de ministriles para ambientar
solemnemente las procesiones al aire libre. Como señala J. L. de la
Montaña, el número de ministriles de las capillas musicales era
variable según las necesidades, las posibilidades económicas
de cada lugar y las preferencias de los patronos. Normalmente, estos
conjuntos estaban formados por diversos instrumentos sopranos y contraltos
(cornetas o chirimías), tenores y bajos (sacabuches y bajones), que
les permitían interpretar las cuatro voces tradicionales de la polifonía
clásica.
La mayoría de los tratados de organología que fueron apareciendo
en Europa a lo largo del siglo XVII describen con minuciosidad estos instrumentos.
Son especialmente importantes los tratados que escribieron, entre otros, Michael
Praetorius [“Sintagma Musicum” (1620)] y Mersenne [“Harmonnie
Univeselle” (1636)] en Alemania y Francia respectivamente. En la península
Ibérica, destacaron las obras publicadas de Juan Bermudo [“Declaración
de instrumentos musicales” (Osuna, 1555)], de Pietro Cerone [“El
Melopeo y maestro” (Nápoles, 1613)] y de Andrés Lorente
[“El por qué de la música” (Alcalá de Henares,
1672)].
En cuanto a los instrumentos de viento metal que formaban parte de estos conjuntos
de ministriles, el más agudo y brillante de ellos era la corneta. Mersenne
lo describió del siguiente modo: “el sonido de las cornetas es
similar al brillo de un rayo de sol que aparece a través de las sombras,
cuando se oye mezclado con las voces en las iglesias catedrales o en las capillas”.
Según el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española
de la Lengua (S. XVIII), la corneta recibe este nombre por ser algo curva y
semejante al cuerno de un toro. El otro instrumento de metal era el sacabuche,
muy parecido al trombón de varas actual. J. L. de la Montaña
cita la descripción que de él hace Covarrubias en su “Tesoro
de la lengua castellana” (1611): “es un instrumento de metal que
se larga y recoge en sí mesmo; táñese con los demás
instrumentos de chirimías, cornetas y flautas. Díjose así porque,
cualquiera que no estuviese advertido, le parecería cuando se alarga
sacarle el buche”.
Los de viento madera eran las chirimías y los bajones, y se convirtieron
pronto en instrumentos muy populares durante el barroco español. La chirimía
era de madera y recta, de doble lengüeta y antepasada de nuestro moderno
oboe. Según J. L. de la Montaña, posee un timbre penetrante, adecuado
para la música de danza, y en la música sacra española se
utilizaba para reforzar las voces de los coros. Los bajones eran en realidad
sencillos fagotes de doble lengüeta y su función era la de apoyar
las voces del bajo. Parece que los ejecutantes de bajón estaban especialmente
bien considerados y cobraban mejores salarios que los demás.
Muchas de las piezas que interpretaban los conjuntos de ministriles en las catedrales
españolas del siglo XVII solían ser adaptaciones de motetes polifónicos
o de obras contrapuntísticas similares como los tientos. El tiento fue
la forma instrumental para órgano más importante de la época
en nuestro país y según L. Jambou, principal investigador del género,
parece que descendió del repertorio vihuelista del Renacimiento y conserva
el lenguaje contrapuntístico e imitativo derivado del motete vocal. Brillantes
ejemplos de tientos son los del compositor andaluz Francisco Correa de Arauxo
(1584-1654), organista de las catedrales de Sevilla, Jaén y Segovia. Algunas
de estas piezas construían sus contrapuntos basándose en algún
tema ya existente; este es el caso del Tiento sobre la Batalla de Morales (1628).
Recientes investigaciones han sacado a la luz partituras del siglo XVII para
celebraciones eclesiásticas con presencia de conjuntos de ministriles.
Uno de los últimos en ser estudiado y rescatado de los archivos es el
alavés Juan García de Salazar (1639-1710). La mayor parte del estudio
sobre este interesante autor de nuestro barroco musical ha sido realizada por
el musicólogo
P.
Capdepón, ganador por ello del VI Premio de Investigación Musical
de la Universidad del País Vasco y el Orfeón Donostiarra. Como
otros compositores de su tiempo, García de Salazar ocupó puestos
de maestro de capilla en varias catedrales españolas: Burgos, Toro, Burgo
de Osma y Zamora. Para estas capillas musicales compuso numerosas obras vocales
y algunas piezas de procesión o de alternancia con el canto, instrumentales
(especialmente compuestas para el órgano).
Los conjuntos para conjuntos de viento eran también muy populares en el
resto de los países europeos. En Inglaterra eran conocidos con el nombre
de “waits” y solían ser contratados por las corporaciones
municipales para entretener a las más altas personalidades en días
festivos; hay que señalar que los músicos callejeros eran muy apreciados
por tradición en la Inglaterra isabelina. Un ejemplo de esta música
es la pieza “The nigth watch” de Anthony Holborne (c. 1550-1603),
gran amigo de J. Dowland y uno de los mejores compositores ingleses de estos
años. Su colección de “Pavans, Galliards and Almaines” publicada
en Londres en 1599 contiene piezas que demuestran la capacidad artística
de un hombre que no sólo se dedicó a la música: fue durante
años diplomático de la reina Isabel.
En el Imperio Austriaco, tuvieron un éxito especialmente relevante las
bandas municipales de instrumentos de viento, llamadas “stadtpfeifern” (“flautistas
municipales”). Según Walter Hill, los dos tipos de composiciones
del repertorio de estas bandas eran las canzonas y las suites de danzas. Normalmente
estas suites se iniciaban con una pavana en compás binario y una gallarda
en compás ternario a las que seguían otras piezas basadas en motivos
de la pavana. Este es el caso de las piezas editadas en el “Banchetto musicale” (1617)
del músico alemán Johann Hermann Schein (1586-1630). Es muy probable
que las suites del “Banchetto musicale” fueran compuestas para amenizar
las cenas de la corte de los Weissenfels en Weimar, ciudad en la que Schein fue
maestro de capilla. A Schein se le considera un predecesor de J. S. Bach, no
sólo por la brillantez de sus composiciones sino también por haber
ocupado durante años el puesto de cantor de Santo Tomás de Leipzig.
Un estilo similar poseen las suites de danzas de Samuel Scheidt (1587-1654),
maestro de capilla en la corte de Halle y el más brillante de los alumnos
del compositor y organista Sweelinck en Ámsterdam.