Quasi una Fantasía
| 1ª Parte | |
| Fantasía en fa sostenido menor, H300 | C.Ph. E. Bach |
| Sonata quasi una fantasia en do sostenido menor, op. 27 Nº2 Adagio sostenuto Allegretto Presto agitato |
L. van Beethoven |
| Fantasía en si menor, op.28 | A. Scriabin |
| 2ª Parte | |
| Fantasía en fa menor op. 49 | F. Chopin (1810-1849) |
| Concierto sin orquesta en fa menor, op.14 Allegro Scherzo Quasi variazioni: Andantino di Clara Wieck Prestissimo possibile |
R. Schumann (1810-1856) |
Con los hijos de Bach, Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emanuel, la fantasía hace aparecer la voluntad prerromántica de emocionar (corriente musical del Enpfindsamkeit) dándole la impresión de estar improvisada.
Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) fue uno de los músicos más influyentes de su generación. Adiestrado en la música por su padre, se convirtió durante la segunda mitad del XVIII, cuando el arte de éste declinaba, en el gran Bach, el Bach por antonomasia. Clavecinista del príncipe Federico, le siguió cuando se convirtió en rey y accedió al trono de la Corte en Prusia. Ello sucedía en 1740 y en 1747 Emanuel hacía posible el célebre viaje de su padre que daba lugar a La ofrenda musical. El arte del hijo de Bach se desarrolla dentro del clima de la galantería, pero con gran hondura expresiva y emocional. Tras más de un cuarto de siglo en Berlín, donde compone numerosas obras para teclado, concertantes y sinfónicas, es contratado en 1767 como director de música de la ciudad de Hamburgo, sucediendo a Telemann, lo que le lleva a componer una enorme cantidad de música religiosa, cantatas y oratorios.
Si bien el Enpfindsamer Stil, el estilo sensible, con su énfasis en la sutileza y en los pequeños detalles, inunda los dilatados tiempos lentos y las inagotables invenciones en el campo de la variación, es en las Fantasías para tecla (con preferencia por el clavicordio, que al percutir las cuerdas por medio de láminas permitía mayor expresividad y dinamismo) donde el arte de Emanuel Bach discurre con mayor libertad, con múltiples pasajes lacrimosos o directamente “atormentados”. Una buena muestra la tenemos en la Fantasía en fa sostenido menor H 300 compuesta el mismo año de su muerte (1788). Se sabe que el público se sentía muy entusiasmado por sus improvisaciones al teclado, cuyo carácter, sin duda alguna, vemos conservado en esta y otras Fantasías. Estas obras nos hacen evocar las de igual nombre de su padre y, al mismo tiempo, señalan las fantasías para piano de Mozart y los pasajes de improvisación de las obras de Beethoven.
Beethoven escribió 32 sonatas para piano y siempre se ha considerado que fue en este terreno un auténtico revolucionario que llevó a sus últimas consecuencias, llegando inusitadamente lejos, todo lo que sus antecesores habían desarrollado. A su segunda época pertenecen las dos sonatas op. 27 “Quasi una fantasia”, con la misma fecha de composición (1801), de publicación (marzo de 1802) mismo número de opus y denominación. La nº 2 es la más famosa de las dos, y una de las más amadas por los pianistas de todas las épocas. En cuanto al romántico subtítulo que le fue regalado (“Claro de Luna”) y que la pieza ha conservado definitivamente, fue ideado por el poeta alemán Ludwig Rallstab, amigo de Beethoven y de Schubert, para quien escribiría muchos textos de sus lieder.
La expresión “Quasi una fantasia” va ligada al concepto de improvisación que el verbo alemán “fantasieren” significa concretamente y que confiere su magia a toda la obra, que parece recién salida de la pluma del compositor. Las novedades propuestas por “Claro de Luna” no van ligadas solamente al contenido sino más bien a la audaz estructura de la pieza. El adagio que abre la sonata ha sido descrito como un “río sonoro” que fluye incesantemente, en donde la melodía parece una confesión interiorizada, comunicando toda la melancolía de la sonata. El allegretto, con su gracia un poco indecisa y la impetuosa conclusión, un grandioso finale que reafirma los impulsos de libertad de los movimientos precedentes y subraya su continuidad emotiva, marcan la perfección de una obra plena de equilibrio y belleza, escogida como emblema de este ciclo. La sonata está dedicada a Giulietta Guicciardi, amor no correspondido de Beethoven.
Scriabin es el compositor de todas las paradojas: era bajito, de una salud y una constitución física delicadas, y sin embargo se consideraba como un titán, un Prometeo que iba a desafiar a los cielos e iba a alzar a la humanidad hacia una nueva etapa en su evolución espiritual; también era un individualista que tenía tendencia a acercarse a personajes más mayores y autoritarios como Safonov, su profesor de piano o Belaiev, su editor. Autor de cinco sinfonías y diez sonatas consideraba que era fútil componer solamente en el estilo clásico. Profundamente cosmopolita, se indignaba si alguien dudaba del carácter ruso de su música.
La Fantasía en Si menor, opus 28, que escribiera en 1900, es una incursión interesante en su colección de sonatas (escribió 11, de las cuales dos Sonatas-Fantasía). Está constituida por un solo movimiento en forma de sonata, por lo que colma una brecha entre la tercera y la cuarta sonatas. Se trata igualmente de la única obra para piano de una cierta longitud que el compositor escribió durante su etapa como profesor. Es una pieza muy apreciada por los pianistas rusos, a pesar de que el compositor mismo olvidó durante años su existencia, como lo prueba la siguiente anécdota. Cierto día Sabaneiev empezó a tocarla en el piano del apartamento moscovita de Scriabin –que es hoy día un museo- y el compositor preguntó, desde la habitación vecina. “¿De quién es eso? Me resulta familiar” –“Es vuestra fantasía” Y el compositor repuso “¿De qué fantasía me habláis?”. En todo caso se trata de una obra todavía con ecos de la gran época romántica.
La producción de Chopin como compositor refleja claramente las circunstancias de su vida. En sus años de concertista de piano escribió sus dos Conciertos y otras composiciones para piano y orquesta, además de piezas virtuosísticas tan brillantes como los Rondós y el Bolero. El lado pedagógico de la carrera chopiniana se refleja en los Estudios, pero también en los Preludios, Nocturnos, Valses, Impromptus y Mazurcas. Muchas de ellas fueron dedicadas a alumnos del compositor. Dentro ya de la tercera y principal categoría de sus obras, Chopin escribía para sí mismo y para un reducido círculo de admiradores y músicos de espíritu afín. Hay que situar aquí aquellas obras de gran calado, demasiado profundas para el salón, en las que Chopin extendió al máximo su inventiva y genio musical, y entre las que figura la Fantasía en fa menor op. 49, junto con algunas de las últimas Polonesas, los Scherzos, las Baladas y la Barcarola, además de las Sonatas en si bemol menor y si menor y la Sonata para cello. A excepción de las Sonatas, muchas de estas obras son probablemente ejemplos del tipo de improvisación que tanto asombro provocaba en los admiradores de Chopin, y su interpretación primera variaba respecto de la ulterior publicación.
Es bien conocida la relación del músico con la escritora George Sand (en realidad Aurora Dupin), autora de novelas tan conocidas como Indiana, La Charca del diablo, La pequeña Fadette, etc…A partir de l839 y hasta 1845 Chopin solía pasar los veranos en la propiedad que Sand poseía en Nohant y es ahí donde se encontraba en junio de 1841 esperando el piano que Pleyel debía enviarle. Privado del piano, se encontraba sin vida. La llegada del “Pleyel” coincidió con la de Paulina Viardot y su marido. Cantante célebre a los veinte años, Paulina, hermana de la también famosa cantante Malibrán y alumna de Liszt y de Reicha, poseía una cultura musical excepcional que encantaba a Chopin. Sería también el gran amor del magnífico escritor ruso Turgúeniev, pero esta es otra historia. El compositor polaco vio espoleada su imaginación por la estimulante compañía, y compuso la Polonesa en fa sostenido menor y la Fantasía en fa menor, de manera fácil y sin dudas. La obra, de gran belleza, es de gran brillantez y dificultad instrumental.
Al parecer, según nos relata André Lavagne, Schumann no supo captar el contenido emocional de esta Fantasía chopiniana. El mismo había compuesto una curiosa obra, en tres movimientos, que constituye su op.14 en septiembre de 1836 y que tituló Concierto sin orquesta. En realidad es una Fantasía en la que series de cuatro variaciones rapsódicas sobre un “Andantino de Clara Wieck” sirven como centro afectivo de gravedad de la composición. Además actúan como emblemas musicales para la unión largamente ansiada con la amada.
Hertha Gallego de Torres
INTÉRPRETES
CLAUDIO MARTÍNEZ MEHNER. Nace en Alemania en 1970. Comenzó sus estudios en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde obtiene su Título de Profesor Superior de Piano con Premio Fin de Carrera en 1989. Realiza estudios en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, la Escuela Superior Reina Sofía en Madrid, la Musikhochschule de Freiburg (Alemania), la Fundazione per il Pianoforte (Italia) y el Conservatorio Peabody en Baltimore (Estados Unidos). Como solista ha actuado por toda Europa, Estados Unidos, Rusia, América Central y Japón, presentándose con orquestas como las de Munich, Moscú, Teatro alla Scala, Scottisch Chamber Orchestra, Radio Svizzera Italiana, Norddeusche Rundfunk y la mayoría de orquestas sinfónicas españolas. Ha sido director artístico de la Escuela de Verano y Festival Internacional de Lucena. En la actualidad es profesor asistente de piano en la Escuela Superior de Música Reina Sofía y catedrático de piano en el Conservatorio Superior de Música de Salamanca.