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El Texto Iluminado. La Aventura
7 febrero al 7 marzo 2006
fotografía cartel
Cines Moderno. Plaza Martínez Zaporta, 5. Logroño
20,00 h
Venta de abonos (10 €) el día 7 de febrero a partir de las 6 de la tarde en la taquilla de los cines Moderno.
Venta de localidades (3 €) todos los días de proyección del ciclo a partir de las 6 de la tarde en la taquilla de los cines Moderno.
Los dientes del diabloLos dientes del diablo
Ombre bianche/ The Savage Innocents
/ 1959 / Italia-Francia / Magis film-Playart /
110' / V.O.S.E.
28 DE FEBRERO DE 2006

Guión: Nicholas Ray; adaptación de Hans Ruesch y de Franco Solinas de la novela Top of The World, de Hans Ruesh. Director: Nicholas Ray. Ayudantes de dirección: Tom Pevsner y Jacques Giraldeu.
Director de fotografía: Aldo Tonti y Peter Hennessy, Tehcnicolor, Super Technirama.
Montaje: Ralph Kemplen, Eraldo de Roma y Jolanda Benvenutti.
Música: Francesco Lavagnino.
Decorados: Edward Clements.
Intérpretes: Anthony Quinn, Yoko Tani, Carlo Guglielmi, Kaida Moriuchi, Peter. O'Toole, Marie Yang, Anna May Wong.

Tres semanas más tarde, Nicholas Ray llegaba a Churchill en compañía de Anthony Quinn y Yoko Tani. Bandini fue más al norte con un segundo equipo, para rodar las escenas de osos polares, focas, morsas, etc. me convertí en ayudante de Nicholas Ray. Diez que éramos al principio, el equipo se componía ahora de treinta personas, venidos de todas partes (...) Imagínese este equipo en el decorado del Gran Norte, con un equipo pesado de Technirama situando en medio del cuadro a una estrella internacional con sus caprichos y manías, y se tendrá una imagen bastante exacta de esta especie de torre de Babel. Sin embargo, el engranaje empezó a funcionar sin chirriar demasiado. Nicolas Ray (llevaba más de un año sin dirigir), estaba preocupado, encerrado en sí mismo y se abstraía en largas meditaciones. (...) Me parece que la idea de Nicolas Ray era la siguiente: decorados de hielo, casi surrealistas, abrumadores para los personajes que evolucionaban por ellos; una especie de contrapunto de la agitación febril y completamente inútil del hombre frente a la impasible y eterna fuerza de la naturaleza.

Jacques Giraldeu. Reproducido en Víctor Erice y Jos Oliver, Nicholas Ray y su tiempo, Filmoteca Española, 1986, p. 197.

No, sólo las cámaras se congelaban. Había probado las cámaras a 70 grados bajo cero, funcionaban. Más tarde supe que el factor determinante es el viento. Algunos días en que sólo hacia 10 ó 20 bajo cero, si había viento, no podíamos rodar. Pero rodé a 52 y 55 bajo cero sin problema alguno. Sólo tuve un día incómodo de rodaje, y fue por culpa mía por no llevar ropa interior gruesa. Algunos días sólo llevaba una chaqueta semínola. –Quisiera preguntarle por los “mattes” ¿Por qué el oso polar está casi siempre rodado en “matte”? –Fuimos a un lugar de hibernación para rodar a los osos polares al salir de su hibernación, cuando más feroces son. Tenía a un esquimal junto a mi con un Winchester por si nos atacaban, rodamos un material maravillosos, impresionante; pasamos allí tres semanas. Pero al despegar, el tren de aterrizaje del avión no se encogió a tiempo. Chocamos con un bloque de hielo, no pudimos elevarnos, chocamos con otro bloque de hielo, un tercer bloque de hielo, y ... despanzurrados. Salimos del avión, corrimos unos centenares de metros y el avión estalló con todo el negativo. Así que, cuando llegué a Inglaterra, tuve que buscar osos polares. Había un circo que actuaba en Belfast, pero el propietario, un tipo llamado Chipperfield, era un auténtico canalla, un hijo de puta. Yo iba con él y llegamos a un fosos de caimanes. “Sus caimanes son muy perezosos”, le dije “¿Le importa si cojo uno?” Me respondió “Bueno, puede intentarlo.” Cogí su bastón, me acerqué y presioné la parte superior de la cabeza del caimán en el lugar adecuado, lo agarré por la cola y lo saqué. Esto impresionó mucho a Chipperfield. Había aprendido a manejar caimanes en Wind Across The Everglades porque mi equipo era de Nueva York y se meaban en los pantalones en cuanto veían un caimán. Una vez tuve un caimán en mi retrete hasta que pude conseguir un jaula para meterlo. El caso es que Chipperfield dijo: “De acuerdo, le alquilo un par de osos polares. En realidad, ¿por qué no se lleva los cinco? Esto me ahorrará la factura de la comida. Y a propósito, ¿puede traerme algún otro caimán? Filmamos los osos en “bluebacking”, pero cuando los perros atacan al oso polar estaba rodando en exteriores, así como el oso polar en el agua”.

Nicholas Ray. Ibidem, p. 200.

En esta coproducción europea, Ray pudo controlar todo el proceso de realización. Incluso el montaje, que tantos quebraderos de cabeza le había ocasionado en sus películas precedentes. De hecho, ya estrenada, él mismo confesó que era su mejor película hasta entonces, pues había conseguido culminar todas las pruebas y ensayos que había venido experimentando con el Cinemascope en sus anteriores rodajes. (...) No obstante, las imágenes filmadas en estudio, gracias a la magistral labor del director de fotografía. Aldo Tonti, no afectan considerablemente al desarrollo de esta historia, en donde las grandes extensiones glaciares están constantemente presentes, intensificadas por la amplitud visual que genera el Cinemascope. Se convierten casi en el principal protagonista de la película. La horizontalidad, tan cara al director, transforma la pantalla en un ascético y abstracto plano en blanco, en donde la figura humana es una mota, un minúsculo punto negro, sobre el que, después de los créditos, una voz humana nos adentra en su particular historia. Es la historia de un nuevo solitario en la ya amplia galería creada por Ray: Inuk, el cazador, quién necesita una mujer para poder reír durante las largas noches polares. (...) Los jóvenes de la Nouvelle Vague, cuando se estaba rodando Los dientes del diablo proclamaban a los cuatro vientos que con su cine querían recuperar el espíritu de los pioneros, para contar sus historias. Ray, uno de sus maestros, no sólo rescata el espíritu, sino también la forma de narrar de aquellos pioneros para contarnos una historia sencilla que sucedía asimismo a finales de los cincuenta, pero en otro mundo, lejano, desconocido, que necesitaba de aquella mirada pionera, de vistas generales, planos generales, panorámicas amplias, que nos descubrían, a principios de siglo, nuevos mundos, y de la que Ray se sirve para abrirnos a las extensiones árticas. Pues, en definitiva, la historia de Inuk es el soporte, es la ficción, que Ray necesitaba para presentarnos su mirada sobre el Ártico. Su interés estaba en hacernos ver los iglús, los icebergs. Los trineos, las pieles, las focas. Los osos polares, las ventisca glacial, las grandes llanuras heladas, la sangre de las focas, los gusanos como alimento, los bailes esquimales... Ésa era, posiblemente, la verdadera historia de The Savage Innocents.

Ignacio Fernández Mañas. Nickel Odeon, 14,
primavera de 1999, pp. 167 y 168.

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