Sentido & SensibilidadSegundo concierto
Sonata nº 3 para violín y piano en do menor op. 45
E. Grieg (1843-1907)
Allegro molto ed appassionato
Allegretto espressivo alla Romanza
Final
Intérpretes:
Joaquín Torre, violín
Kennedy Moretti, piano
En una carta fechada hacia 1830, Robert Schumann expresaba el deseo de que sus capacidades y su natural inclinación “hacia la música y la poesía convergiesen en un mismo punto”; de este modo, “la luz no sería tan difusa”. Schumann absorbió de los grandes poetas de su tiempo un modo de ver la vida a través de la literatura y del arte, que ya no le abandonaría. Jean-Paul, el poeta de Bayreuth, Lord Byron, con la pasión por la libertad, Rückert y su visión de los afectos amorosos, Eichendorff o “el canto maravilloso y eterno de la soledad de los bosques…” modelaron su música, hasta el punto que sólo Schumann podría decir: “Componer es entrar en el reino de los sueños”.
Las tres romanzas op. 94 para oboe o violín y piano, son un regalo de Navidad para su querida esposa Clara (de soltera Wieck), excelente pianista y notable compositora, a la que hoy se empieza a valorar mejor. Pese al número de opus, constituyen la obra número 100 de las escritas por Schumann y están fechadas entre el 7 y 12 de diciembre de 1849. Fueron estrenadas por el oboísta sueco Lund, acompañado al piano por el compositor Kart Reinecke, en la Gewandhaus de Leipzig, en 1863.
Nicht schnell (No rápido) es una tranquila leyenda, oscilante sin cesar entre el modo menor y el mayor. Enlaza insensiblemente con un episodio contrastante, scherzando. El delicioso Einfach, innig (Simple, íntimo) está pleno de dulzura y melancolía, de intensa expresividad que lo asemejan a los lieder del año mágico de 1840. Consta de una parte central más tormentosa y animada. Por último, Nicht schnell (No rápido), es una Romanza un poco rapsódica, animada por una vena popular.
Hacia 1851, la locura de Schumann iba manifestándose de forma cada vez más intensa, entre ráfagas de intenso trabajo intelectual. La Sonata nº 1 para violín y piano en la menor, op. 105 fue compuesta este año, entre el 12 y el 16 de septiembre, en Düsseldorf, algunos días después de una violenta escena con el burgomaestre de la ciudad. Su estreno no llegaría hasta el año siguiente. Schumann está abordando el género de la sonata para violín y piano al final de su carrera. Las dos sonatas escritas en 1851, son, junto con la Marchenerzählungen, op. 132 (Cuentos de Hadas) de 1853, sus últimas composiciones significativas de música de cámara. En esta tardía inclinación hacia el violín influyó, sin duda, la estrecha relación que el compositor mantuvo en esa etapa última de su vida con violinistas tan ilustres como Ferdinand David, Joseph Joachim, o Joseph von Wasielewski y Joseph Hellmesberger, quienes, acompañados por el piano de Clara Wieck, estrenaron las versiones definitivas de sus dos sonatas.
En el primer movimiento, Mit leidenschaftlichem Ausdruck (Con expresión apasionada) nos encontramos los acentos más patéticos, toda ella está impregnada del estado de ánimo dolorido y depresivo del compositor, lo que no excluye una gran fuerza y expresividad en la alternancia de la menor/fa mayor. El tema principal es introducido por el violín. Se trata de un diseño sincopado, cuya apariencia sombría -más acusada aún por la tendencia schumanniana a utilizar el registro grave del violín- contrasta con su clara intención lírica. El Allegretto, de clima aparentemente más ligero, enseguida introduce una serena tristeza. Se trata de un rondó. El clima exaltado prosigue en el Lebhaft (Animado) todo pasión y movimiento, que se inicia con un original aire de tocata en semicorcheas, en una suerte de brillante movimiento perpetuo. El desarrollo propicia la irrupción de un nuevo motivo de acusado carácter melódico. La furtiva reaparición de las veloces y dramáticas semicorcheas iniciales dará lugar a la refulgente coda final.
Otro de los grandes exponentes del romanticismo europeo es sin duda, el noruego Edvard Grieg. Excelente pianista, al igual que Schumann –pero no trabado, como éste, por la enfermedad- Grieg, nacido en Bergen, estudia en Leipzig con Moscheles y en Dinamarca con Gade, apasionado mendelssohniano. Pero será gracias a los compositores del grupo Euterpe, los hoy un tanto olvidados Nordraak y Horneman, cuando Grieg entre en contacto con el folklore de su país y descubra un mundo de posibilidades.
El arte sonoro de Grieg es inconfundible, incluso para los poco conocedores, e inserto plenamente en las corrientes románticas de su tiempo, para el que dio obras de gran popularidad y encanto casi irresistible. Buena prueba de ello la tenemos en la Sonata para piano y violín en do menor, op. 45, una de sus últimas “obras grandes”. Hermosa, de formas clásicas, rica en pensamientos, está llena de lirismo apasionado. Fue escrita en 1883 en la comarca noruega de Hardanger, luminosa, grave y trágica. En lo que a la evolución de su lenguaje se refiere, existen unas palabras del compositor sobre sus tres Sonatas para violín y piano (1865, 1867 y 1883): “Caracterizan períodos de mi evolución: la primera, ingenua y prolija de ideas; la segunda, nacionalista; y la tercera se abre a más vastos horizontes”. Los violinistas que las han interpretado, en especial la última, estrenada por Brodsky, han sido conscientes de ello.
La tercera Sonata de Grieg posee tres movimientos bien diferenciados. El primero, Allegro molto ed appassionato, es de carácter heroico (como casi siempre que se usa la tonalidad de do menor), en el que contrasta un segundo tema, delicado melódicamente y cantable. El Allegretto expresivo alla Romanza, de sublime inspiración, presenta el recurrente tópico romántico de la melodía inacabable, con una sección central, de contraste, sobre un aire de danza noruega para volver de nuevo a la Romanza inicial. El último movimiento se construye sobre una danza y una melodía, con extraordinaria energía y vida rítmica, para llegar a una coda brillante. Una partitura así figura entre lo mejor del repertorio camerístico nórdico, por su intensidad dramática, el “sentimiento trágico de la vida” que dijera Unamuno y la grandeza de su concepción.