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Mozart y el clásicismo vienés
250 aniversario de su nacimiento (1756-2006)

6 al 27 de marzo 2006
cartel
AUDITORIO DEL AYUNTAMIENTO DE LOGROÑO
20,30 h
Entrada libre. Plazas limitadas

27 de marzo, 2006
Recital de violín y piano
"EL ESPÍRITU DEL CLASICISMO"
Joaquín Torre, violín
Kennedy Moretti, piano

PARTE I
Sonata en Sol Mayor, Hob. XV: 32
F. J. Haydn (1732-1809)
Andante
Allegro

Sonata en Fa Mayor para violín y piano K 377
W. A. Mozart (1756-1791)
Allegro
Tema y seis variaciones
Tempo di Menuetto


PARTE II
Sonata en La Mayor para piano y violín "Kreutzer" op. 47
L. van Beethoven (1770-1827)
Adagio sostenuto - presto
Andante con Variazioni
Presto

Los tríos con piano de Haydn no han sido debidamente apreciados, en parte debido a la gran distancia existente entre su identidad genérica original y la concepción de hoy día. Lo mismo pasa con las sonatas para violín. En principio eran concebidas como "sonatas con acompañamiento": el teclado predomina, y el violín o el cello tiene un papel secundario. Ello no impide que posean sostenidas melodías y que las cuerdas sean esenciales para la textura de la pieza, su color tonal e incluso su definición rítmica. La Sonata Hob. XV: 32 en Sol es original para violín y teclado (a partir de 1770 tenemos evidencias de que Haydn ya pensaba en un fortepiano) y está compuesta el 14 de junio de 1794. Posteriormente se transformó en un trío para piano, violín y violonchelo. Esta obra muestra muy bien la evolución de la segunda fase de la vida creativa de Haydn y no puede ser tachada de conservadora o inmadura, como se hizo en tiempos con estas composiciones para teclado. Por el contrario, son un buen ejemplo de la gran belleza del estilo clásico en su escala más íntima y modesta.

La sonata en Fa mayor K. 377 para piano y violín fue publicada en Viena, en noviembre de 1781, junto con otras cinco que formaban la tradicional colección de seis. La forma elegida fue la suscripción, que tenía su propia manera de funcionamiento: se anunciaba la obra, se empezaban a recoger suscripciones, y a continuación se componía la obra, se publicaba y se entregaba. El conocer de antemano el número de suscriptores permitía tantear el mercado antes de realizar la inversión y a la vez, exigía componer exactamente para ese tipo de público, muchas veces no profesional, por lo que no se podían realizar el mismo tipo de alardes técnicos que si se estuviera componiendo para un virtuoso.

Aun así, Mozart se las ingenió para crear una obra maestra, como en tantos otros casos. El Allegro es dinámico y apasio-nado, pero el Andante es un tema con variaciones en modo menor que nos introduce en otro clima, buscando nuestro interior más profundo. El movimiento final, en tempo di minuetto es un alegre rondó. Es difícil, como señala Rosen, ilustrar la combinación de fuerza y deleite que obtenía Mozart adaptando su sentido de la simetría a un movimiento inexo-rable hacia delante. Esta sonata es un buen ejemplo de ello.

Las diez sonatas para piano y violín constituyen un hito por su número y calidad en la producción beethoveniana -en realidad no tan vasta, en los distintos géneros, como la de sus maestros Haydn y Mozart. Las sonatas se reparten así: La tríada del op. 12 (compuesta en los años 1797-98), las dos sonatas seguidas op. 23 y op. 24 (de principios del siglo XIX), el trío del op. 30 (de 1803), la sonata a Kreutzer op. 47 y, finalmente, aislada en el tiempo y en el espacio, la mística sonata op. 96 (de 1816).

En total, son casi veinte años de hallazgos compositivos en los que Beethoven vivió una profunda evolución personal y musical. Ello tiene, naturalmente, su reflejo en las sonatas que van mostrando la complejidad creciente del papel del violín y del diálogo entablado entre los dos instrumentos.

La Sonata a Kreutzer op. 47, escrita cuando el compositor contaba con 33 años de edad, es la más famosa de todas ellas. Al margen de su perfección y fuerza expresiva, ha contribuido a su notoriedad y gloria la novela de Tolstoi del mismo título, que la escogió como símbolo de la sugestión peligrosa de la música sobre las pasiones; las amorosas, claro.

Aunque asociemos ya para siempre la obra al violinista Kreutzer (1766-1831), quien, por cierto, nunca la tocó en público, la obra fue dedicada en principio a otro intérprete, el violinista mulato Bridgetower (1779-1860), quien en aquella época residía en Viena y la estrenó con Beethoven al piano en mayo de 1803. Pero a los dos años la amistad se había roto. y fue Kreutzer quien pasó a la posteridad con ella.

La sonata consta de tres movimientos. Beethoven la intituló "Sonata per un Pianoforte ed un Violino obligato in uno stilo brillante molto concertante quasi come d´un concerto" y esto explica el carácter muy concertante de la obra. Tras los primeros famosos acordes del violín solo, el primer movimiento, ciclópeo, arrogante, de lirismo contenido, es cuasi "sinfónico" en su descarga de emociones. Sigue un tema muy bello que Beethoven somete a variaciones en un estilo elegante y ornamental. Es, a mayor escala y más virtuosístico, de estructura similar a las variaciones de la Sonata op. 12 nº 1 que hemos escuchado en el primer concierto del ciclo. El movimiento final, un rondó en ritmo de tarantela en forma-sonata había sido escrito el año antes para la Sonata en La mayor op. 30, nº 1 pero reemplazado en el último momento. Beethoven lo juzgaba demasiado brillante y estaba buscando una obra a su altura. No cabe duda de que la encontró, aunque nunca más volvió a presentar una obra tan híbrida.

Al escuchar esta obra, con su claridad formal, su grandiosidad, realmente nos preguntamos ¿estamos en el clasicismo de Mozart y Haydn? ¿o ya hemos traspasado sutilmente la frontera hacia la Viena de Schubert y el romanticismo de Schumann y Mendelsohnn? En poco más de veinte años hemos pasado de la gracia esbelta de las sonatas mozartianas al ímpetu y drama de la "Kreutzer". Es uno de los períodos más cruciales de la historia de la música. Nuestro mundo musical actual surge de las transformaciones culturales, técnicas y sociales de estos años a los que animó en toda su pujanza una fuerza motriz: el espíritu del clasicismo.

Hertha Gallego de Torres

JOAQUÍN TORRE, Violín
Nace en Gijón. Debe su formación violinística a los profesores Alfonso Ordieres, Francisco Comesaña, Dorothy Delay, Raphael Bronstein y Félix Andrievsky. Ha cursado estudios en el Conservatorio de Música de Oviedo, Real Conservatorio de Música de Madrid, Manhattan School of Music, Juilliard School of Music y Royal College of Music.

Ha actuado como solista con orquesta y ha ofrecido recitales en España, Francia, Alemania, Inglaterra, Portugal, Estados Unidos, Canadá y Sudamérica. Asimismo ha partici-pado en numerosos festivales de música como Aspen Music Festival (EE.UU.), Académie Internationale de Músique de Tours (Francia), Schleswig-Holstein Musik Festival (Alemania), y Festival de Música de Cámara de Tuy.

Es miembro de la Orquesta de Cámara Reina Sofía desde 1993. Su interés por la música de nuestro tiempo le ha llevado a colaborar también con el Ensemble de Música Contempo-ránea del Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC), estrenando en España obras de Sciarrino, Lindberg, Hosokawa, Pang-Pang, Murai, Dalbavie, Zinsstag y Gervasoni entre otros. En su repertorio figuran composiciones españolas de Montsalvatge, Mariné, Marco, C. Halffter, Brotons, etc.

Es ganador del XXVII Concurso de Violín "Isidro Gyenes" (1990). Ha grabado para Radio Nacional de España.

Ha sido profesor en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Actualmente ejerce la docencia en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid e imparte cursos por toda la geografía española. Sus alumnos han logrado premios en concursos internacionales, y forman parte de las principales orquestas y conservatorios españoles.

KENNEDY MORETTI, Piano
Nació en Brasil y realizó estudios musicales en la Universidad de Sao Paulo, en la Academia Franz Liszt de Budapest y en la Escuela Superior de Música de Viena. Ha sido pianista acompañante y asistente musical en la Ópera Nacional de Hungría, en la "Volkstheater" de Viena y también en las compañías vienesas "Neue Oper Wien" y "Neue Oper Austria". De 1994 a 1999 fue el acompañante exclusivo de las clases de Alfredo Kraus en la Escuela Superior de Música "Reina Sofía" en Madrid y en los cursos de verano de Santander.

Ha estrenado obras de Wolfram Wagner, Alexander Wagendristel, Helmut Jasbar y Siegfried Friedrich entre otros, y ha obtenido en 1994 el segundo premio en el Concurso Internacional de Interpretación de Música para Piano del Siglo XX "Austro Mechana", en Viena. Ha colaborado con los grupos austríacos de música del siglo XX "Wiener Collage" y "Jasbar Consort" y con el "Plural Ensemble" de Madrid.

Ha actuado en los últimos años en varias ciudades españolas y también en Portugal, Francia, Austria, Alemania, Inglaterra, EEUU y Brasil. En la intensa labor que desarrolla en el campo del acompañamiento vocal ha realizado actuaciones junto a cantantes como Aquiles Machado, Ana María Sánchez, Ruggero Raimondi, Simón Orfila, Milagros Poblador, María Espada, Marina Pardo, Angel Rodríguez, Mariola Cantarero, etc. y en el campo de la música de cámara instrumental con intérpretes como Hagai Shaham, Joaquín Torre, Angel García Jermann, José Manuel Román y David Tomás, entre otros. Se dedica también al clave y en el año 2002 retoma su actividad como pianista solista.

Ha realizado grabaciones de obras para piano solo y canciones de Helmut Jasbar (con María Espada) para el sello Extraplatte, de Viena, del ciclo "Winterreise" de Schubert (con Marina Pardo) para el sello Calando de Madrid, y de un CD de la serie "Compositores de Cantabria" (también con Marina Pardo) para la Fundación Marcelino Botín en Santander, además de transmisiones en directo por la Radio Nacional austríaca y para la Radio y Televisión Española.

En la actualidad reside en España y es catedrático de música de cámara en el Conservatorio Superior de Música de Salamanca y profesor de educación auditiva en la Escuela Superior de Música "Reina Sofía".

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